miércoles, 16 de febrero de 2011

CARTA A MARÍA ELENA MOYANO

Hace 19 años que te fuiste. 19 años en que los enemigos de la vida quisieron desaparecerte. Pero sólo te convirtieron en mil y una semillas que se esparcieron por todo tu querido arenal. Unas cayeron en las raídas esteras que tenaces protegían del frío a tu gente. Otras se alojaron en el vientre fecundo de las mujeres del pueblo. Otras se posaron en las manos callosas de tus compañeros. Unas más se escondieron en la garganta limpia de los jóvenes y hasta en los labios sonrientes de tus niños. Esas semillas intactas están echando raíces para brotar después en la forma de un pueblo consciente, inteligente, rebelde,  luchador y solidario.

Hoy te contaré algunas cosas que han pasado, aunque no lo creo necesario, porque sé que desde la eternidad sigues vigilando el paso de tu pueblo. Algunas semanas después de tu partida el gobierno, que había surgido como esperanza de muchos, dio un golpe contra la democracia. Ese fatídico 5 de abril fue el inicio de la etapa más lúgubre, más perversa que haya vivido nuestra patria. El japonés Fujimori y su asesor el delincuente Montesinos disolvieron el congreso, pervirtieron a las fuerzas armadas y policiales, corrompieron al poder judicial, compraron a la mayoría de los medios de comunicación, subastaron las principales empresas de todos los peruanos y se embolsicaron millones y millones de dólares. Se fabricaron una constitución a su medida y a la medida de los voraces intereses extranjeros. Armaron a la banda paramilitar “colina” para acabar con los opositores, compraron la dignidad y la voz de mucha gente. Incluso a tu hermana Martha que hasta ahora vive  con los dólares mal habidos y manchados de sangre  de la dictadura. Yo sé que a ella que, en su mediocridad,  ha vivido y vive de tu nombre, tú le responderías como Jesucristo “¿Mi familia? ¿Quién es mi familia?. Mi familia son los que hacen la Voluntad de Mi Padre” y tú agregarías. Son mi familia todos los hacen la voluntad y defienden los intereses de mi Pueblo.

Esa dictadura cleptómana y asesina que surgió ese 5 de Abril. Hizo añicos los derechos humanos de cerca de un millón de trabajadores, a quienes lanzó a la miseria, Y levantó sobre el robo, el abuso, la compra de conciencias, la manipulación descarada y el engaño amplificado, el más salvaje de los neoliberalismos que se asentaron en América Latina. Esa dictadura cambió las leyes a su antojo y reprimió al pueblo, tu pueblo, para perpetuarse en el poder. ¡Cuántas veces seguramente tú quisiste volver a reencarnarte, para ponerte al frente de este pueblo que en innumerables oportunidades salió a las calles a combatir a la dictadura!. Nosotros te sentimos compartiendo nuestros gritos, haciendo flamear nuestras banderas y pancartas, llenando nuestro universo con tus cantos. Estabas con nosotros, estabas en nosotros. Y bailaste con tu pueblo cuando cayó la dictadura asesina y llenaste el espacio con tus “vivas”, cuando el congreso juramentó a Valentín Paniagua como Presidente de transición, cuando desde el Japón, el “samurái” cobarde y  ladrón había renunciado por fax.
 

Hoy vuelves a caminar con nosotros contra un nuevo gobierno manipulador y corrupto como el que hoy nos gobierna. Hoy estás con nosotros, denunciando a los corruptos que quieren volver a imponer la impunidad, la miseria material y moral. Como siempre tu palabra alta y clara seguirá llamando ladrón al ladrón, asesino al asesino. Aunque entre ellos haya gente que tenga tu apellido. Después de todo, tú dirías:.”Hoy mi apellido es Pueblo. Me llamo María Elena Pueblo”. Así es María Elena Pueblo, Y vivirás por siempre en cada hogar donde se construyen nuevas relaciones sociales de respeto mutuo, de amor cotidiano, de ternura democráticamente compartida. Vivirás por siempre en cada vecino interesado por el vecino, en cada vecino samaritano. En la voz de la bocina llamando a las asambleas de grupo o a las faenas comunales para mejorar nuestras calles, nuestros jardines, para vigilar la seguridad de nuestros hijos. Vivirás entre tus niños, jugando entre ellos y compartiendo sonrisas. Entre los jóvenes inventando nuevos mundos, fabricando nuevos sentimientos y nuevas maneras de vivir. Estarás entre nosotros, marchando siempre hacia la vida. Caminando hacia el mañana. Porque desde la eternidad ya lo sabes bien, que si el presente es de lucha, el Futuro es nuestra.

Hasta siempre María Elena Pueblo. Hasta la Victoria definitiva del Pueblo y de la Humanidad.

Tu amigo

José Serquén Hernández

Febrero del 2011

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